El derecho a la Asociación

Por: Jesús -Belén- de la Cruz

Director

La declaración Universal de los Derechos Humanos a definido de manera taxativa el imperio de la razón ética por encima y en contraposición a la arbitrariedad, al abuso del poder y a la falta de respeto por la dignidad humana. Esta carta universal vino a consolidar los llamados “Derechos Fundamentales” de hombres y mujeres, primero, en los aspectos civiles y político, y luego en los económicos, sociales y culturales.

Los Derechos civiles y políticos, son aquellos que pueden ser reclamados en todo momento y en cualquier lugar, salvo en aquellas circunstancias de emergencia que permiten el establecimiento de ciertas limitaciones. En este renglón, queda establecido el Derecho de Asociación, el cual está relacionado al libre albedrío del ser humano para formar junto con otras personas, un grupo, conglomerado o asociación, ya sea con un fin de relación social, de disfrute, de búsqueda de la defensa de sus derechos o de mayores beneficios.

El hombre, por naturaleza es un ser social y tiende siempre a buscar agruparse, por entender que en esta agrupación es donde encuentra su identidad o la satisfacción de un anhelo o necesidad. El derecho de asociarse libremente, se constituye pues en un factor importante para su desarrollo en la sociedad.

Es así como en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, en su Artículo No. 20, se establece: 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. 2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

De igual manera, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de 1948, en su Artículo No. XXII, dice: Toda persona tiene derecho de asociarse con otras para promover, ejercer y proteger sus intereses legítimos de orden político, económico, religioso, social, cultural, profesional, sindical o de cualquier otro orden.

Pero también, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de1966, considera en su Artículo No. 22: 1. Toda persona tiene derecho a asociarse libremente con otras, incluso el derecho a fundar sindicatos y afiliarse a ellos para la protección de sus intereses. Esta es una verdad axiomática en materia de Derechos.

Es innegable que en la República Dominicana hemos avanzado de manera considerable en materia de Derechos y Libertad de Asociación. Recordamos la persecución, apresamientos, posterior secuestro y desaparición del gran líder sindicalista dominicano,

Mauricio Báez, líder indiscutible de los sindicatos de la región Este del país, quien llegó aglutinar la mayor cantidad de sindicatos y asociaciones de estos en La Romana y San Pedro de Macorís.

Luego de su larga persecución, Mauricio Báez, tuvo que refugiarse en la Habana (cuba), tratando de escapar de una muerte segura, pero esto fue en vano, porque el 8 de diciembre de 1950 agentes encubiertos al servicio de Rafael Leónidas Trujillo, se presentaron en la casa número 8 de la calle Cervantes, en el reparto Sevillano en la Habana Cuba, secuestraron a Mauricio Báez, y nunca más se volvió a saber de este líder sindical. Las dictaduras odian las libertades y reprimen de forma brutal el derecho a la asociación de las personas.

Quienes en el ayer estuvimos recorriendo los caminos quiméricos de la revolución democrático nacional, debimos recurrir a los métodos de la clandestinidad y el bajo perfil, así como al cambio de nuestras identidades para poder evadir de alguna forma la persecución y represión criminal del sistema de cosa imperante. “La clase no se suicida” y “el poder se arrebata”, nunca se cede ni se regala.

En una historia más reciente de la dictadura ilustrada impuesta por Joaquín Balaguer, podemos recordar a los mártires Milcíades Encarnación y Gregorio Estrella, choferes de Unachosin, jóvenes sindicalistas de tendencia izquierdista quienes desaparecieron una noche que salieran a pescar por los alrededores del Acuario Nacional, próximo a Sans Soucí, avenida España, Santo Domingo Este. Hasta la fecha nada se ha sabido de la suerte de estos defensores de los Derechos al sindicalismo nacional.

Hoy existen grupos de clase media alta y representantes de sectores poderosos que han sido considerados como la “izquierda melódica”, por aquello de que sus protestas y demandas las realizan en el parque “La Lira”, de la avenida Abrahán Lincoln, donde con sus vehículos de lujos, entre música y buenos tragos de bebidas importadas expresan sus “enérgicas o románticas exigencias” y reclaman sus derechos individuales, por sí mismos o por encargo de grupos económicos que demandan una mayor participación en el pastel del Estado, en ciertas áreas políticas, económicas o sociales de nuestra bien amada República Dominicana.

La lucha por el 4% para la educación es una muestra clara de lo estamos afirmando. Donde se vio un grupo empresarial importante del país, vinculado a medios de comunicación, periódicos, televisión, revistas, editoras, ferreterías, closters de suplidores del Estado y quien sabe cuántas cosas más, encabezar esta demanda y no en vano regalaba las sombrillas, gorras, camisetas y carteles amarillos. Sin embargo, sus derechos y sus demandas son legítimos y deben ser respetados al igual que los otros actores mencionados que prefirieron usar otros métodos de lucha y combate.

Los Derechos y Deberes de los ciudadanos están consignados en las Declaraciones Universales de los Derechos Humanos, así como en las Constituciones nacionales de cada país. Exijamos el respeto de nuestros derechos individuales, como también respetemos el derecho de los demás. Recordando siempre que “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Por: Jesús Belén de la Cruz

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