Editorial

Todo lo nuevo no es necesariamente bueno

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Desde los inicios de la civilización, la lucha entre el bien y el mal, lo nuevo y lo viejo, así como lo decadente y revolucionario, ha sido una constante que ha ocupado posiciones de relevancia en el debate social y político en todo el globo terráqueo. Dejando enseñanzas con secuelas favorables para la humanidad; pero también, frustraciones y desilusiones para muchos adeptos, correligionarios y sectarios que solo sirven como piezas útiles de titiriteros malintencionados.

Las fuerzas sociales en todo el mundo se han debatido, durante siglos, la preeminencia de la verdad absoluta, y, sobre todo, la búsqueda de la respuesta de, si es cierto o valedero que todo lo nuevo es verdaderamente nuevo o progresista.

Este concepto toma vigencia relevante en estos tiempos, donde los llamados influencers o creadores de contenidos se abrogan el derecho absoluto de ser los dueños de la verdad universal, tan solo por disfrutar de miles o millones de seguidores cautivos en sus respectivas plataformas de redes sociales.

En esta era del crecimiento desbordado de la informática y la tecnología, puntualizando en el poderoso impacto de la Inteligencia Artificial, es preciso establecer que, este debate no es nuevo, de hecho, podemos definirlo como una tragicomedia maltrecha y decepcionante para los anhelados conceptos y valores que deben guiar nuestras respetivas sociedades.

En ese orden de ideas, queremos resaltar que, José Carlos Mariátegui, periodista, ensayista y el pensador marxista más influyente de América Latina en el siglo XX. Quien fue capaz de adaptar el materialismo histórico a la realidad andina e indígena, expresó hace casi cien años:

“Hace falta establecer, rectificando ciertas definiciones presurosas, que no todo el arte nuevo es revolucionario, ni es tampoco verdaderamente nuevo. En el mundo contemporáneo coexisten dos almas, las de la revolución y la decadencia”.

Sin querer traer por los cabellos aquellas brillantes aclaraciones del ilustre pensador peruano. Para muchos ciudadanos reprochables que tratan de justificar su falta de valores morales o su inclinación por la delincuencia y su dependencia del consumo de sustancias controladas, por venir de un hogar pobre y disfuncional; vale resaltar que, Carlos Mariátegui, creció en un hogar humilde y con estrecheces económicas tras el abandono de su padre. Un accidente en su infancia le afectó gravemente su pierna, lo que lo obligó a dejar la escuela regular y, aun así, forjó su sólida formación como autodidacta, digno ejemplo a seguir.

Las razones por las que traemos a colación los conceptos emitidos por Mariátegui sobre el crossover innovador del arte “nuevo” en su época, relacionándolo con las “nuevas” tendencias de comunicación de las plataformas digitales actuales, tenemos razones más que suficientes para medirlas con el mismo rasero analítico.

Aquellos se creían superiores y sobrevalorados por haber creado nuevas técnicas de hacer su arte; estos, en cambio, se consideran muy populares, superestrellas, omnipotentes y omnisapientes, tanto así que, hasta hacen alardes para vender proyectos presidenciales.

Pero, reiteramos que, Mariátegui fue tan preciso y puntual sobre este tema, que hizo referencia a las falsas aseveraciones sobre el significado (positivo o negativo) de lo nuevo, que expresó lo siguiente: “No podemos aceptar como nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el paramento, el decorado. Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales”.

Luego de dar una mirada retrospectiva sobre el debate “centenario” entre lo nuevo y lo viejo, es justo precisar que, recientemente un afamado y polémico influencer dominicano, hizo fuertes críticas tremendistas contra el presidente del Indotel, Dr. Guido Gómez Mazara, al quien el funcionario le respondió, sin mencionar su nombre: “El que opina desde el desconocimiento, es un ignorante que se aproxima a la idiotez”.  Adaptando su respuesta el pensamiento crítico de que “el dato mata el relato”.

Semanas antes, ese mismo personaje, empresario digital de rápido ascenso económico, le propinó fuerte insultos, desafíos y amenazas al líder desarrollista del mayor consorcio turístico de la República Dominicana, don Frank Rainieri, a quien, entre otras cosas, le dijo que tiene más dinero que él, y que, si se lo propone, le puede destruir el proyecto Punta Cana en tan solo una semana.

En resumen, la pregunta valida sería: si en verdad se puede definir como nuevo, positivo, formativo y futurista, un discurso y comportamiento que llaman a la ruptura con los cánones morales y conductuales de nuestra sociedad. Así como la amenaza de “matar la gallina de los huevos de oro”, que es el turismo dominicano. La fama y el dinero no determinan un liderazgo social ni mucho menos un marco de referencia a los que debamos seguir.

Por: Jesús -Belén- de la Cruz

Director, Lic. en comunicación social y analista político.

jesusdelacruzbelen1960@gmail.com

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