Opiniones

PISA 2025: la educación dominicana frente al espejo

Compartir Publicación

Por: José Rafael Padilla Meléndez

Hay informes que ofrecen cifras; otros nos obligan a mirarnos. PISA 2025 hace ambas cosas con la educación dominicana.

Los resultados son contundentes: nuestros estudiantes de 15 años obtuvieron 339 puntos en Matemáticas, 346 en Lectura y 361 en Ciencias, frente a los promedios de la OCDE de 463, 461 y 482, respectivamente. Apenas el 9 % alcanzó el nivel básico en Matemáticas; 23 % en Lectura y 26 % en Ciencias.

Más que un mal resultado, estos datos describen un problema estructural. Conviene decirlo sin dramatismo, pero también sin maquillarlo. En comparación con 2022, los cambios no son estadísticamente significativos. No estamos, por tanto, ante un desplome reciente, sino ante la persistencia de niveles de aprendizaje demasiado bajos.

Aquí comienza la verdadera discusión.

La República Dominicana ha invertido en infraestructura, alimentación escolar, tecnología, cobertura y programas educativos. Todo ello es necesario. Pero estar en la escuela no garantiza aprender en ella. La evidencia de PISA obliga a una pregunta incómoda: ¿estamos convirtiendo adecuadamente esa inversión en aprendizaje?

Tampoco sería justo responsabilizar exclusivamente al maestro. El docente trabaja en aulas diversas, enfrenta realidades sociales complejas y responde a múltiples exigencias. Hay maestros extraordinarios que cada día realizan enormes esfuerzos por sus estudiantes.

Pero defender al maestro no significa renunciar a exigir calidad.

Necesitamos fortalecer la formación docente, el acompañamiento pedagógico no la fiscalización ni la persecución y que el liderazgo de los directores y otros actores del sistema este acorde, con evaluaciones que produzcan información útil para mejorar. Y necesitamos políticas educativas con suficiente continuidad para que puedan ser evaluadas por sus resultados, no sustituidas antes de que estos puedan apreciarse.

La profesionalización debe ir acompañada de responsabilidad y exigencia. Pero el problema tampoco puede colocarse sobre los hombros de nuestros estudiantes. La pregunta correcta no es por qué ellos no pueden, sino qué está haciendo el sistema para que puedan.

Los resultados en Lectura son particularmente preocupantes. Comprender lo que se lee es una competencia transversal: condiciona la capacidad de aprender, interpretar información, reconocer argumentos y participar de manera plena en la vida social. Por eso, mejorar la lectura y las matemáticas no es únicamente una tarea educativa; es también una inversión en ciudadanía, productividad y democracia.

A este desafío se suma uno nuevo: la inteligencia artificial. La escuela ya no puede limitarse a enseñar a utilizar herramientas tecnológicas. Debe enseñar a pensar, verificar, cuestionar y crear, especialmente en un mundo donde una máquina puede producir respuestas en segundos, pero no sustituye la responsabilidad humana de juzgar si esas respuestas son correctas, pertinentes o éticamente aceptables.

PISA no es una condena. Es una fotografía. Y una fotografía incómoda puede ser útil si tenemos la valentía de observarla sin buscar excusas.

La República Dominicana no necesita otra discusión educativa atrapada entre discursos políticos, estadísticas administrativas y culpables de turno. Necesita algo más difícil: convertir la evidencia en decisiones, las decisiones en políticas sostenibles y las políticas en aprendizaje.

La pregunta, en el fondo, es sencilla y exigente:

¿Están aprendiendo nuestros estudiantes lo que necesitan para enfrentar el mundo que les espera?

Los resultados de PISA 2025 sugieren que todavía no lo suficiente.

Reconocerlo no es atacar al sistema ni al maestro. Es asumir una responsabilidad nacional. Porque detrás de cada porcentaje hay un estudiante; y detrás de cada estudiante está, en buena medida, el país que tendremos mañana

Prof. José Rafael Padilla Meléndez

El autor es docente y analista político

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[poll id="2"]

You may also like