Opiniones

Un partido político en cada esquina

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Por: José Rafael Padilla Meléndez

Hay algo que debería preocuparnos:

En la República Dominicana aumentan los partidos políticos, pero no necesariamente aumenta la identificación ciudadana con la política, de cara a las elecciones de 2028, además de las organizaciones reconocidas, nuevos proyectos buscan convertirse en partidos o movimientos políticos, la pluralidad es saludable, la fragmentación sin límites, no y aquí comienza el debate.

¿Por qué tantos partidos?

No cuestiono el derecho de ningún ciudadano a organizarse políticamente. Una democracia necesita nuevas ideas, nuevos liderazgos y nuevas propuestas, pero debemos preguntarnos con honestidad:

¿Cuántos nuevos partidos nacen de una verdadera corriente ideológica y cuántos surgen de una ruptura personal?

Porque hemos comenzado a observar una dinámica preocupante: alguien pierde una elección interna, no obtiene la posición que esperaba, se siente desplazado o considera que sus aspiraciones fueron ignoradas y, en lugar de continuar la lucha democrática dentro de su organización, decide crear otra.

Si no encuentro espacio dentro del partido, creo mi propio partido y comienza nuevamente el ciclo: nombre, bandera, estatutos, estructura, afiliados y, eventualmente, recursos públicos.

¿Hasta dónde podemos llegar?

La democracia debe comenzar dentro de los partidos, este es, a mi juicio, el verdadero problema.

Antes de multiplicar las organizaciones políticas, debemos fortalecer su democracia interna, el ciudadano que quiere participar debe encontrar dentro de su organización posibilidades reales de competir, disentir, proponer, crecer y ser elegido, cuando esas puertas permanecen cerradas, las rupturas se multiplican y cuando las rupturas se convierten en nuevas organizaciones, la fragmentación se convierte en sistema, por eso, la discusión no debería limitarse a preguntar cuántos partidos necesita el país, sino qué tan democráticos son los partidos que ya tenemos.

El financiamiento público de los partidos tiene una finalidad democrática legítima: garantizar condiciones para la competencia electoral, pero los recursos del Estado pertenecen a la sociedad, por eso debemos preguntarnos si existe una relación razonable entre representatividad, democracia interna, transparencia, permanencia y financiamiento público.

No se trata de impedir la creación de nuevos partidos, se trata de evitar que la política se convierta en una sucesión interminable de pequeñas estructuras sostenidas, directa o indirectamente, por todos los ciudadanos, más partidos no significa más democracia

Una democracia fuerte no se mide por la cantidad de siglas que aparecen en una boleta, se mide por la capacidad de sus ciudadanos para participar, disentir, competir y ser representados, necesitamos menos personalismo y más instituciones, menos caudillismo y más democracia interna, menos fragmentación y más participación.

La Junta Central Electoral, el Tribunal Superior Electoral, el Congreso, los partidos y la sociedad civil tienen una responsabilidad que no podemos seguir postergando: revisar las reglas del sistema y garantizar que las aspiraciones políticas puedan encontrar canales democráticos dentro de las propias organizaciones, porque quizá el problema no sea que existan nuevos partidos, el verdadero problema sería que fundar un partido se convierta en la única alternativa para quien siente que dentro del suyo no tiene futuro.

El país necesita detenerse, no necesitamos un partido político a cada esquina, necesitamos democracia fuerte, la pluralidad debe existir, pero debe tener propósito, las nuevas organizaciones deben representar ideas, sectores y proyectos de nación; no simplemente el desencanto de quienes no encontraron espacio en otra estructura, porque podemos terminar celebrando que tenemos cada vez más partidos, mientras descubrimos demasiado tarde, que tenemos cada vez menos ciudadanos identificados con ellos.

La pluralidad es democracia, la fragmentación sin propósito puede debilitarla y dejo una pregunta para el debate nacional:

¿Cuántos partidos más necesita la República Dominicana para fortalecer su democracia?

Prof. José Rafael Padilla Meléndez

El autor es docente y analista político

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