Por Felipe Castro
Los errores estratégicos de la administración de Donald Trump, implementados para controlar el hub petrolífero mundial, como medio de presión y/o contención de la consolidación de la República Popular China, como su competencia a desplazarlo, o compartir la hegemonía global que, desde la caída del muro de Berlín en 1989, y la posterior reforma de Mijaíl Gorbachov, hicieron posible la consolidación de los Estados Unidos de América como el único imperio hegemónico global.
El afianzamiento de EE. UU. como potencia hegemónica global se fraguó tras la Segunda Guerra Mundial, aprovechando el caos sistémico para emerger como líder económico, militar y político. Basado en un inmenso poder industrial, recursos naturales, estabilidad política y expansión territorial previa, consolidó su dominio mediante el capitalismo global, la superioridad militar y la influencia cultural, estableciendo un “siglo estadounidense”. Los Pilares y Fases de la consolidación fueron: Expansión Territorial y Económica (Siglo XIX-XX): La consolidación interna a través de una gran economía de mercado y recursos naturales que le permitió una rápida industrialización.
A finales del Siglo XIX la guerra hispano-estadounidense (1898) marcó su expansión hacia el Caribe y el Pacífico (Puerto Rico, Guam, Filipinas).
Imagen de Segunda Guerra Mundial, donde EE.UU. pasa a ser la principal potencia industrial y financiera, gestionando el nuevo orden internacional.
Las dos guerras mundiales debilitaron a las potencias europeas y permitieron a EE. UU. convertirse en la principal potencia industrial y financiera, gestionando el nuevo orden internacional. Con la guerra fría y hegemonía global (1945-1991): EE. UU, se consolidó como una de las dos superpotencias, liderando el bloque capitalista y expandiendo su influencia militar y política a través de alianzas.
Tras la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos se consolidó como la única superpotencia mundial, caracterizada por la proyección de su fuerza militar y la globalización de su modelo económico.
Esa hegemonía sobrevivió desde el 1991 a sus anchas y sin obstáculo a fuerza de una propaganda feroz del poderío económico, militar y la proyección del mejor bienestar social, impregnando en la psique global la percepción que Estados Unidos era un verdadero paraíso terrenal.
La certeza del poderío hegemónico de los Estado Unidos no radicaba en el poderío bélico militar, sino en la unidad de criterio y respeto interinstitucional, que proyectaban un aliento de confianza y respeto global sobre esa nación.

Imagen ilustrada de una de las batallas efectuadas durante la caída del Imperio Romano en el 476 ante de Cristo.
A diferencia de la caída del Imperio Romano en el 476 ante de Cristo, cuya causa fue multifactorial; inestabilidad política y constantes guerras civiles, una profunda crisis económica con hiperinflación y alto gasto militar, la presión de las invasiones bárbaras (germánicas y hunos), y la división administrativa del imperio. Aunque los Estados Unidos como imperio hegemónico global en la actualidad no está ajeno a la mayoría de esas miserias.
La caída de ese imperio, mayormente se vislumbra por los errores estratégicos implementados en el conflicto bélico que tiene el presidente Donald Trump con el Estado Persa, producto de su incontinencia verborreica y su inconsistencia de criterio, que en sus actos proyectan un valor factico a la mentira sobre la verdad, que ha generado un aliento de desconfianza global hacia el Estado gendarme que lo tiene al borde del colapso como Estado hegemónico.

El autor es abogado y analista político.