Por Felipe Castro
La arrasada de los demócratas sobre los republicanos en las elecciones de medio termino del pasado 3 de noviembre, al ganar la holgada mayoría, tanto en el Senado de los Estados unidos, como en la Cámara de Representantes, genera sin duda alguna, un ambiente resiliente a la convulsiva situación diplomática global, existente desde el 28 de febrero, con el estallido de la confrontación bélica entre Israel, Estados Unidos e Irán.
Aunque el poder político de los Estados Unidos, está sustentado bajo la egida de la separación de los poderes del Estado; Poder Legislativo, Poder Judicial y Poder Ejecutivo, (conceptualizado por el barón de Montesquieu en el espíritu de las leyes en 1748). En esa Nación existe un elemento sui generis de poder, denominado como el veto presidencial, el cual, en caso de un eventual acorralamiento de la mayoría congresal demócrata, el presidente Donald Trump, no escatimará esfuerzos en utilizar.
La confirmación del triunfo demócrata en el Congreso, ha generado que el presidente Trump muestre una reacción dubitativa que asilan entre el uso del veto presidencial para bloquear o dilatar las iniciativas del Congreso liderado por el Partido Demócrata o alcanzar acuerdo con la bancada demócrata para una sana gobernanza estatal.

El reconocimiento salpicado de elogios, horas después del proceso electoral de medio termino, que le hizo Donald Trump, al triunfo demócrata en el Congreso de los Estados Unidos, mostró al Trump sensato de antes del conflicto bélico con Irán, digno de ser competidor del premio Nobel de la Paz. Aquel Trump que criticó con vehemencia la practica guerrerista del sistema Yanqui. Quien en su reconocimiento subrayó que, la causa de su revés electoral fue la guerra de Irán. Lo que podemos interpretar como un mea culpa.
No cabe duda que la guerra de Irán fue, quizás, el icono de mayor importancia que generó la perdida de la mayoría congresal republicana, pero no menos importante es el hecho inhumano de las deportaciones masivas, transgrediendo las normas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tomando en cuenta que los Estados Unidos de Norte América nació, como un Melting Post.
Es decir, una sociedad homogénea que se vuelve más heterogénea mediante la afluencia de elementos extranjeros con diferentes orígenes culturales; una sociedad híbrida y armoniosa, conocida como amalgama cultural. Respetada inclusive, por el más exitoso de los presidentes republicano de la era moderna de los Estados Unidos de América, Ronald Reagan, quien amnistió a mas de 3 millones de inmigrantes, a los que elogió por impactar positivamente en la economía de dicha nación y por mantener a la misma como una sociedad relativamente joven, frente al envejecimiento de otras naciones, gracias a la masiva inmigración en busca del sueño americano que era lo que hacia a esa nación verdaderamente grande.

El autor es abogado y analista politico.