La convocatoria realizada por el presidente Luis Abinader, para discutir y analizar el tema haitiano, es un paso trascendental y oportuno frente a una de las amenazas más complejas que enfrenta actualmente la República Dominicana.
El deterioro institucional, social y económico del vecino Haití no solo afecta su propio territorio, sino que repercute directamente sobre nuestro país, con el que comparte una frontera de 390 kilómetros, marcada por una creciente presión migratoria forzada por la violencia, la inseguridad y la crisis humanitaria al otro lado de la isla.
La descomposición del Estado haitiano, dominado por bandas armadas y una clase política permanentemente enfrentada, constituye un desafío geopolítico que trasciende coyunturas electorales o diferencias partidarias. Por eso, el llamado del presidente Abinader a un diálogo nacional, no solo es necesario, es una manifestación de responsabilidad histórica.

En este contexto, la participación de los expresidentes de la República adquiere un valor simbólico y estratégico. En el caso de Hipólito Mejía, su integración al diálogo es natural. Además de mantener una armoniosa relación con el presidente Abinader, su partido, el PRM, se encuentra en el poder, por lo que su presencia es una extensión del consenso interno y del liderazgo compartido.
Respecto al expresidente Danilo Medina, actual presidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), su participación es también relevante. Aunque inhabilitado constitucionalmente para aspirar nuevamente a la presidencia, su peso político es indiscutible y su experiencia de gobierno puede aportar equilibrio al debate. Danilo ha demostrado que, en escenarios de concertación, suele salir fortalecido, proyectando una imagen de madurez democrática que le permite mantener su vigencia política sin necesidad de protagonismos innecesarios.

El caso del expresidente Leonel Fernández resulta más complejo. Su posición es delicada, pues se encuentra habilitado constitucionalmente para competir en las próximas elecciones. Participar en este diálogo implica una combinación de diplomacia y cálculo estratégico. No puede abstraerse de un escenario en el que se le invita, por segunda ocasión, a debatir un tema de seguridad nacional que exige una visión de Estado y no respuestas coyunturales.
Su presencia en la mesa no significa subordinación, sino compromiso. Al mismo tiempo, no asistir sería interpretado como una señal errática que podría tener costos ante un electorado cada vez más exigente. En este caso, no hay escapatoria: estar en la mesa es una forma de liderar sin renunciar a sus aspiraciones.
Por su parte, el presidente Luis Abinader actúa correctamente. El tema haitiano requiere un tratamiento que trascienda las diferencias partidarias. Convocar a las fuerzas vivas de la nación es, además de un gesto político, una necesidad histórica. Desde antes del nacimiento del Estado dominicano, nuestra lucha ha sido por preservar nuestra soberanía frente a las amenazas externas, y esta es una oportunidad para consolidar esa vocación patriótica mediante el consenso y la unidad.
Como bien dijo José Martí: “La patria es ara, no pedestal”. En momentos de crisis nacional, no debe prevalecer el interés individual ni el cálculo electoral. Lo que debe guiarnos es el sacrificio por el bien común y la disposición a servir cuando la patria llama a sus mejores hombres.

Por Juan Belén
El autor es psicólogo, experto en asuntos municipales y articulista de Gobernanzas Digital