Por Felipe Castro
La puesta en moda de la elección al poder político de la derecha, ha generado un exceso de confianza tal, que ha llevado a cierto mandatario a caer en un abismo delirante de la locura del poder, creyéndose tener la capacidad impoluta de visitar una nación e inmiscuirse en sus asuntos internos de carácter electoral, transgrediendo los códigos diplomáticos basados en el arte, la ciencia y la práctica de conducir negociaciones y gestionar las relaciones pacíficas entre estados, gobiernos u organismos internacionales.
La praxis de manicomio del presidente argentino, Javier Milei, evidentemente vergonzante y conspicua, lo dirigió a España, como pie de amigo de la ultraderecha española, encabezada por los lideres del PP y Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Milei llegó a España con su motosierra proselitista, a insultar al Zurdo de Mierda (según él) al actual presidente de España Pedro Sánchez, endilgándole en su propio país, las calidades de dictador y corrupto, al mismo, que le proporcionó los privilegios dignos de un jefe de Estado diplomáticamente decente. Lo que se puede interpretar como ingratitud ilustrada.

Los lideres del PP y Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal.
La ayuda electorera que el presidente argentino, pretendió darle a sus homólogos ideológicos de España, ha degenerado en un bumerán en contra de quien Milei intento aupar, dicho hecho, en vez de ayudar al PP-VOX, hizo lo contrario, impactó positivamente sobre el voto progresista por la desfachatez de protagonismo mediático, propio de un presidente tercermundista poseído por el síndrome de hybris, que por cuya acción, el pueblo argentino, por vergüenza ajena, sumergió, como el avestruz, su cabeza en la arena de la vergüenza, por la locura de poder de quien representa la desquebrajada solemnidad de la Casa Rosada de la República de Argentina.
Como dice un dicho del argot popular, Javier Milei fue a España por lana y salió trasquilado con ñapa, porque su injerencia no impactó positivamente en favor de PP-Vox, sino que hizo lo contrario. Y, como ñapa, provocó el desplante de los dos lideres de esos partidos indistintamente, quienes esquivaron reunirse con quien fue a España a ayudarles electoralmente, pretextando el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, un compromiso de visitar a Sevilla para presentar su plan de vivienda, en la cual su equipo reconoció en privado que, “Menos mal que Javier Milei ha venido ahora y no el 21 de noviembre”. Y, Santiago Abascal ni siquiera pudo hacer la foto en Madrid, estaba de campaña en Galicia y Asturias, por lo que solo hubo video llamada. Uno y otro buscaron las excusas perfectas para no reunirse “con su pie de amigo”.
Lo que le enmendó la plana, al prefecto de Donald Trump en las américas, fue el abrazó público dado por la maltrecha presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que recibió al esquivado Javier Milei; por sus homólogos de la derecha española reivindicándolo, como referente, pero que dicho acto, marcó la fractura interna del PP. El presidente Javier Milei con su visita protagónica a España inauguró el extraño paradigma de incursión en los asuntos electorales de un país soberano violando los nobles principios de la norma diplomática internacional.
La imprudencia diplomática del presidente Milei, la remontada en las elecciones de Brasil de Luiz Ignacio Lula Da Silba, por el fracaso de la estrategia de manipulación algorítmica de la gigante Meta; a través de Facebook, Instagram y WhatsApp, renueva la posibilidad de una remontada de la Izquierda progresista en las elecciones de España que sin dudas redundara en el estimulo para la izquierda global.

El autor es abogado y analista politico.