Por Felipe Castro
Al dar una mirada retrospectiva y volver al presente, podemos afirmar que, la sociedad de hoy, globalmente, ha dado un giro circunferencial en la plenitud del conocimiento, al punto de descifrar enigmas atreves de la Mecánica Cuántica; como la nanotecnología capaz de alterar el ritmo natural de la vida, atreviéndose a afirmar que en un futuro no lejano la muerte será opcional.
Mientras los países emergentes, en términos económicos, tales como: China, Singapur, la India, Taiwán y otros, han invertido sus energías en la educación técnica y científica para salir del subdesarrollo mental y material; países como el nuestro gastan sus energías en morbosidades atraídos por lo onírico, cayendo en un estado de inconciencia o delirio de identidad.
Los dominicanos, representamos una sociedad que sabemos de todo y no aportamos nada. Somos un conjunto de elementos perfectos para no hacer conciencia de nuestra verdadera identidad, no somos auténticos; lo transcultural nos apasiona. Nos comportamos como un autentico paquete de adictos a la morbosidad.
Tanto así que, al analfabeta, el intelectual y el analfabeta funcional, nos entretiene el show mediático, donde en vez de ocuparnos por los males generados por los eventos geopolíticos que nos circundan, nos entretenemos con nimiedades que solo conducen al morbo. A penas nos preocupamos por mantenernos en un recurrente círculo vicioso, culpando al gobierno de turno de los males existentes desde la fundación de la República, solo aportando quejas.

Como confirmación axiomática de lo anteriormente señalado, podemos citar el caso no fortuito de la marcha de Friusa, un claro ejemplo de la inducción al morbo racial, promovida con una campaña publicitaria de inducción colectiva a la inconciencia de nuestra verdadera identidad. Haciendo creer a la sociedad que son parte de la estirpe perfumada europea; alejados de nuestra realidad étnica africana, aborigen y en menor medida caucásico, que nuestro ADN, es multiétnico.
La marcha de Friusa fue pensada al estilo del psicoanálisis para sacarle provecho a la hipersensibilidad de la neuroepidermi, (si vale el termino) del anti haitianismo de un segmento de la población, usando el vil mecanismo de la post verdad, miseria de la humanidad.
Una humanidad infinita hundida en la mentira, donde a la burla le llaman “bullying” y la mentira es una maravilla, humanidad evolutiva acelerando la vida, a través de lo digital obviando la metafísica, no importa; yo pienso y luego existo, ni la verdad como norma de si misma, lo que importa es lo que diga el perverso y su mentira que hoy es el paradigma en la sociedad de mentira, en la que no se cita a Espinosa, a Descartes y a Emmanuel Kant, mucho menos a Sócrates, Aristóteles y Platón.

“Se menciona a Nicolas Tesla por la energía renovar, cuyo inventor genial un siglo después logró, a otro beneficiar. Con la inteligencia artificial, génesis para alterar la existencia del reino animal, pretendiendo modificar la textura molecular del Ser. Para en la vida terrenal, su muerte sea opcional, ambición anti natural, la plenitud de la vida alcanzar. Sin detenerse a pensar que la inalterabilidad de la vida será nuestro final”.

El autor es abogado y analista político.