Santo Domingo.- La República Dominicana se proyecta como un polo de ensamblaje y exportación de aeronaves ligeras para el Caribe y América Latina, con la fabricación de aviones TP-75 Dulus, de los cuales ya hay dos que patrullan diariamente en la frontera y se prevé, para diciembre de este año, completar diez para esos mismos fines, con el objetivo de comenzar luego con la producción de los que serían para comercialización.
Ayer, el presidente Luis Abinader supervisó los avances de la planta de ensamblaje de las aeronaves militares y los trabajos de ampliación e iluminación de la pista de aterrizaje y la nueva torre de control en la Base Aérea de San Isidro, que convertiría a esa terminal en un aeropuerto alterno al Internacional de las Américas, doctor José Francisco Peña Gómez, con una inversión de 825 millones de pesos.
Tras el recorrido por las áreas (la de ensamblaje y de modernización de la pista de aterrizaje y torre de control), el presidente Luis Abinader aseguró que todas estas labores se hacen con el único objetivo de reforzar la seguridad del país, que actualmente recibe alrededor de 12 millones de visitantes al año y, en el caso de los aviones Dulus, vigilar la frontera y combatir el narcotráfico, especialmente en la costa.
“Todo este reforzamiento de tecnología, pues ayuda a la seguridad aérea y, principalmente en este caso, además de fortalecer a la Fuerza Aérea Dominicana con un aeropuerto verdaderamente ya completo, como no lo tenía antes, en un aeropuerto alterno que le da seguridad y nos eleva también en la categoría del Aeropuerto Internacional de las Américas, doctor José Francisco Peña Gómez”, manifestó el mandatario.
Amplían capacidad de control
Sin embargo, la novedad de todo el recorrido, que hizo acompañado de los directores y periodistas de medios de comunicación, fue abrir las puertas a los trabajos de ensamblaje de los aviones TP-75 Dulus y la explicación del proceso, que estuvo a cargo del viceministro de Defensa para Asuntos Aéreos y Espaciales, mayor general Carlos Ramón Febrillet Rodríguez, quien afirmó que estas aeronaves representan el paso de una nación consumidora de tecnología, a una que produce capacidades industriales propias y alineadas a estándares internacionales.
El viceministro indicó que actualmente, más de 20 técnicos y otro tipo personal calificado, están desarrollando el TP-75 Turbo Hélice con mayor velocidad con uso de combustible Jet A1, utilizado en los Supertucanos, en los helicópteros de la Fuerza Aérea y los URO.
Sostuvo que el TP-75, que se ensambla con 5,000 piezas y en 2,000 horas hombre, está equipado con sensores electro-ópticos, cámaras de reconocimiento en tiempo real, además de un dron táctico para misiones de reconocimiento prolongado y protección civil.
“Estos modelos amplían nuestra capacidad de entrenamiento, control territorial, vigilancia ambiental, lucha contra el crimen transnacional y cooperación internacional”, destacó.
Actualmente dos aeronaves TP-75 Dulus, que tienen capacidad para dos personas abordo, están constantemente en patrulla. Una se va por el norte y otra por el sur, volando entre cinco a seis horas diarias para supervisión de la frontera, apoyando al Ejército y a la Armada de República Dominicana en las labores de seguridad.
Pero, más allá de esto, ya algunos países han venido a la República Dominicana interesados en estas aeronaves porque han sido exhibidas y volado en ferias, donde el país se ha posicionado en el “Gran Radar Aeronáutico”, según las palabras del viceministro Carlos Ramón Febrillet Rodríguez.

Aeropuerto San Isidro, un alterno Las Américas
El director del Instituto Dominicano de Aviación Civil, Igor Rodríguez, que en el caso de la infraestructura física en el aeropuerto de San Isidro, en lo que se invierten 650 millones de pesos, se trabaja en una torre de control de unos 30 metros de altura, incluida la cabina que será preensamblada con fecha de entrega para el próximo 30 de agosto. Dijo que esta tendrá todas las facilidades para el personal que da servicio las 24 horas desde una torre de control y que cuenta con un equipo de comunicación para las aeronaves de última generación encriptada.
La pista de aterrizaje, en la que se destinarán 175 millones de pesos, tiene una longitud de 2,165 metros. En ella se están instalando las luces de aproximación, las luces PAPI (Precision Approach Path Indicator), luces laterales y señalización. Tendrá una certificación de la OACI y de la FAA de los Estados Unidos, y en su superficie podrán, además, aterrizar aeronaves de mayor capacidad.
EC
