Opiniones

La realidad de Diógenes; un absurdo para la sociedad

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Por Felipe Castro

El filosofo Diógenes de Sinope vivió con la inmensa riqueza de tan solo lo que necesitaba para vivir una vida feliz; la cual consistía en un bastón, que necesitaba para caminar; tenía su manto, que le cubría y su zurrón, que contenía una escudilla y un cuenco para comer y beber.

A pesar de esa carencia de abundancia, aun así pensaba que les sobraban cosas. Una vez, paseando por la ciudad, caminando descalzo como acostumbraba, vio cómo un niño comía lentejas con un trozo de pan y cuando al terminar sus lentejas bebió agua con las manos en una fuente y Diógenes pensó: “Este muchacho dijo me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas. Si come sus lentejas con un trozo de pan y cuando termina con ellas bebe agua con sus manos, no necesito ni mi escudilla ni mi cuenco”, y acto seguido arrojó contra el suelo ambos y siguió caminando.

Diógenes de Sinope, también llamado Diógenes el Cínico o Diógenes el Perro fue un filosofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en Sinope, una colonia jonia del mar Negro, hacia 412 a. C. y murió en Corintio en 323 a. C. No legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la extensa sección que Diógenes Laercio le dedicó en sus vidas, opiniones y sentencias de los mas ilustres.

Las costumbres del Sócrates delirante, como le llamaba Platón, es la síntesis del propósito de la creación divina, con la creación del hombre, con el otorgamiento de los medios necesarios para vivir en una comunidad feliz; tales como tierra, aire y mar para sembrar, pescar y respirar libremente, pero la impiedad de sus deseos por lo superfluo ha hecho que la sociedad tenga como parámetro para alcanzar la Felicidad, el exhibicionismo y acumular en demasía lo que al final de la vida no utilizará, como dijo una vez Epicuro, sobre el deseo y la felicidad: “No arruines lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estuvo una vez entre las cosas que solo esperabas”.

El mundo de hoy vive sumergido en la apariencia del concepto Kafkiano de pura falsedad, donde la mentira tiene mayor valor que la verdad. Anteriormente la filosofía se definía como la búsqueda de la verdad. Pero Friedrich Nietzsche creía en la polémica idea de que una cosa es la verdad cotidiana, otra cosa es la verdad científica y otra cosa es la verdad filosófica. Es decir, un claro cuestionamiento de la certeza de la verdad absoluta, partiendo de los anteriores conceptos.

Friedrich Wilhelm Nietzsche, (15 de octubre de 1844-25 de agosto de 1900) fue un filosofo, poeta, compossitor musical y filologo aleman, cuya obra ha ejercido una profunda influencia en el pensamiento mundial contemporáneo y en la cultura occidental.

La verdad de Diógenes, consistía en la radicalidad de repeler los deseos, porque es la miseria que provoca la infelicidad. Ya que su riqueza consistía en la utilidad de lo necesario, por lo que Diógenes se burlaba con cinismo de los que en su época hacían ostentaciones de abundancia y decía su verdad sin ruborizarse, aun frente al gran emperador Alejandro Magno. Cuenta un relato, que, en una ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre, pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”. Dando a entender que la muerte nos enseña que al final de cuenta somos todos iguales.

Platón planteó que la felicidad y la riqueza no dependen del dinero, sino del control de los deseos. ¿Estamos más pobres por querer siempre más? esta reflexión milenaria sigue vigente hoy.

Felipecastro2378@gmail.com

El autor es abogado y analista político.

 

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