Santo Domingo.- Falleció esta mañana el profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Jesús de la Rosa.
Jesús de la Rosa se inició en la educación al finalizar la revolución de abril de 1965. En la UASD, ingresó como profesor provisional en 1967 en las asignaturas de Filosofía, Pedagogía y Estadística. En su larga trayectoria uasdiana fue director fundador del Centro Universitario Regional Suroeste de la UASD con sede en Barahona y vicerrector Académico en el periodo 1987-1990.
Ha asistido como delegado de esta Alta Casa Estudios a decenas de conferencias y seminarios nacionales e internacionales. Es autor de varios libros de texto. En 1883, fue distinguido con el Premio Nacional de Didáctica por su obra “Estadística Psicopedagógica”.
En el 2005, Jesús de la Rosa obtuvo el Premio Nacional de Historia, modalidad testimonio, por su obra “La Revolución de Abril de 1965”. Ha ocupado cargos de alta importancia en diferentes gobiernos, entre los cuales sobresalen: secretario de Estado de Deportes, asesor educativo del Poder Ejecutivo, asesor de educación del Senado de la República y miembro del Consejo de Educación Superior. Pero, estas altas posiciones, al igual que las que ha ocupado en la UASD, no han constituido obstáculo alguno para que Jesús de la Rosa desarrollara su carrera docente de manera ininterrumpida ni para cambiar su cercanía con sus amigos ni mucho menos con los miembros de la familia universitaria.
bandera, vale decir nuestra soberanía.
Al finalizar la revolución, se imponía la necesaria reconciliación de la familia dominicana y la reconstrucción del país en todos los órdenes, y Jesús optó por sumarse a la tarea más noble que puede asumir una persona, la de educador, y más en un país que aún no se reponía del atraso y la represión a la que fue sometido por la dictadura más
cruenta y violenta de América Latina entre 1930 y 1960.
Jesús de la Rosa decide entregar su fusil de soldado de la patria para dedicarse a la educación, y venir a esta Alma Mater a empuñar las armas más poderosas que ha inventado el hombre: la tiza y la pluma para comunicar conocimientos. Y, de esa manera, hacer la transición de soldado de la guerra, al lado de los buenos, a soldado de la educación, al lado de los pobres. Y más aún, a soldado defensor de la bandera azul y blanco de esta Alma Mater y de su autonomía.
República de la Argentina, el de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), quien también fue militar, luchador por la constitucionalidad, la educación, el progreso y la democracia.
Finalmente, debo resaltar que el maestro Jesús de la Rosa nunca ha pasado factura por sus servicios a la Patria. El reconocimiento que hoy le concede esta alta casa de estudios (su amada UASD), la que él ha ayudado a construir y a defender con su fina pluma y los sabios conocimientos que transfiere, es un alto honor para la propia
institución, que siempre ha sabido reconocer a sus grandes vivos antes que pasen a ser sus grandes muertos, como se lamentara el insigne educador dominicano Federico Henríquez y Carvajal al pronunciar el panegírico en el sepelio del inmenso Eugenio María de Hostos el 12 de agosto de 1903.
ED