Santo Domingo.- Gabriela (nombre ficticio) llevaba a cuestas traumas desde su niñez por temas familiares que la mantenían en depresión y con manifestaciones de rebeldía durante su adolescencia y su vida adulta. Su dolor la llevó a atentar dos veces contra su vida. La primera vez intentó tomar un frasco de pastillas psiquiátricas y la segunda cuando no frenó el vehículo que manejaba a pesar de que venía otro cerca. Fue un gran choque pero no tuvo fracturas. En ese momento sufría una ruptura de pareja.
Gabriela decidió ir a terapia para tratar de sanar sus heridas. En las primeras consultas no resistió tener que lidiar con los sentimientos que la agobiaban y abandonó. Mientras seguía con altibajos emocionales y no sabía como gestionar su salud mental. “Me dormía llorando y le pedía a Dios que me llevara con él”. Más adelante volvió a terapia y contó con apoyo de un familiar, lo que le hizo recuperar el amor la vida y hoy en día se encuentra emocionalmente bien.
Este caso es más común de lo que se pudiera pensar, ya que la depresión es un trastorno que afecta a muchas personas y que puede llevar al suicidio, una causa de muerte cuyas estadísticas en el país reflejan una alta prevalencia.
Registros
Al 2025 la tasa de suicidios fue 6.6 por cada 100,000 habitantes pero a nivel de promedio por provincia la tasa se elevó a 7.18 %, según establece la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) que entre los años 2007 y 2025 registra un promedio anual de 593 casos, lo que refleja una persistente carga de mortalidad asociada a esta causa.
La ONE indica que, pese a ciertas oscilaciones anuales, el fenómeno mantiene una tendencia relativamente estable, lo que subraya la importancia de fortalecer las políticas de salud mental, la detección temprana de conductas de riesgo y la ampliación de servicios de apoyo psicosocial.
Por grupos de edad, la población entre 25 y 49 años concentró el 49.57% de los eventos en el 2025, lo que indica una alta prevalencia en personas en edad productiva, resalta la ONE, como también es alta la incidencia entre los mayores de 65 años, quienes representaron un 11.97% del total. El porcentaje más bajo se registró en menores de 15 años.
La ONE resalta que, tal como ocurre con otras formas de muertes violenta, el componente sexo presenta una marcada diferencia. En 2025, el 83.08% de los suicidios correspondieron a hombres, mientras que las mujeres representaron el 16.92%. “Esta sobremortalidad masculina ha sido una constante en la estadística nacional e internacional sobre suicidio”, apunta.
Métodos
En cuanto a los métodos utilizados, el ahorcamiento representó el 60.68% de los casos. El uso de sustancias tóxicas o veneno fue el segundo método más frecuente (20.17%), seguido por el uso de armas de fuego (10.26%) y otros medios diversos (8.89%).
A nivel territorial, la Región Ozama o Metropolitana concentró el mayor porcentaje con un 27.69% del total, seguida por el Cibao Norte (18.97%), Región Yuma (8.55%) y el restante (44.79%) se distribuyó en las demás regiones. Estas cifras apuntan a una mayor carga en zonas urbanas y densamente pobladas.
Entre las provincias con mayores tasas destacan Hato Mayor (12.42), El Seibo (11.38) y Pedernales (10.06), cifras que se sitúan muy por encima del promedio nacional. En contraste, las tasas más bajas, estuvieron en Dajabón (0.00), Elías Piña (4.03) y la provincia Independencia (4.10).
Una crisis
A juicio del psiquiatra Ángel Almánzar estas cifras evidencian una crisis de salud mental, ya que todos los estudios disponibles indican que la prevalencia de las condiciones mentales ha aumentado a partir del año 2021, sobre todo la depresión, ansiedad y trastornos del sueño.
De manera particular le llama la atención el aumento de casos en provincias que durante años se mantuvieron con pocos eventos, como Pedernales, El Seibo y La Altagracia.
¿Por qué su suicida una persona?
Ante la pregunta de ¿qué lleva a una persona a suicidarse o pensar ello?, el doctor Almánzar refiere que el suicidio en un fenómeno muy complejo y multifactorial que puede a muchas causas como trastornos mentales (sobre todo con la depresión y el consumo de alcohol).
No obstante, precisa que muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, como son los problemas financieros, las rupturas de relaciones, los dolores y las enfermedades crónicas.
“Hay otros factores de riesgo que se vinculan a la sociedad y a los sistemas de salud, sin embargo, ninguno impacta tanto como la depresión: no menos de 85 personas con depresión piensan en la idea suicida y 15% de ese total lo va a intentar”, manifestó.
Sobre si existen indicios de componentes hereditarios para el suicidio o tendencias suicidas, explica que, dado que la depresión tiene una predisposición o vulnerabilidad genética (no es una enfermedad puramente hereditaria), tener familiares de primer grado como los padres o los hermanos con depresión mayor aumenta el riesgo de padecerla, aunque esto no es determinante dado que se requiere al menos un detonante ambiental o psicológico.
Entre los detonantes que pueden aumentar el riesgo al suicidio, citó las pérdidas agudas, ruptura amorosas, divorcio, rechazo sentimental abrupto, pérdida de un ser querido o un duelo complicado. También, la pérdida de reputación y la humillación, el acoso laboral y escolar, el ciberacoso, los escándalos públicos, el abuso físico o sexual y los problemas legales.
Otras causas pueden ser el diagnóstico de una enfermedad terminal o grave, el empeoramiento de una condición mental, el consumo elevado de alcohol u otras drogas. A la lista de detonantes se suman la soledad extrema, la falta de una red de apoyo, el acceso a medios mortales y el efecto contagio.
Algunas personas suelen decir que se van a suicidar para llamar la atención. Al respecto sobre cómo identificar si se trata de una verdadera amenaza suicida o de una manipulación, el especialista aconseja que ante cualquier manifestación de idea o intento suicida lo recomendable es tomarlo en serio y buscar ayuda de un profesional de la salud mental.
Familia
Al abordar el impacto en el seno familiar, Almánzar refiere que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el suicidio tiene un impacto devastador e intergeneracional.
Es un evento traumático que afecta de una manera tan profunda y masiva, que reestructura por completo la dinámica de la familia. Y va más lejos: implica a los amigos, a los compañeros de trabajo o a los compañeros de estudio.
Por tanto, recomienda buscar ayuda profesional para poder lidiar con un paciente o familiar con tendencia suicida.
En caso de que el evento haya sucedido, se debe permitir la expresión de las emociones sin emitir juicios, manifestar los canales de comunicación en el núcleo familiar y dar frente al estigma social a la vez que se deben ayudar mutuamente para protegerse frente a comentarios sociales.
Además, cree que es recomendable hablar del tema con sensibilidad y transparencia a terceros, dependiendo de quién sea. “Guardar el suicidio como un secreto de familia pudiera no ser lo prudente”.
Sufrimiento insoportable
En los casos de suicidios en niños y preadolescentes, donde aún la maduración cerebral está en continua evolución, las razones que los llevan al extremo regularmente están asociadas a “un insoportable nivel de sufrimiento emocional, impulsividad y una limitada fortaleza para afrontar el impacto emocional que están padeciendo”, destaca Almánzar.
En cuanto a por qué se suicidan más hombres que mujeres, señala que aunque así lo reflejan las estadísticas, las féminas lo intentan más aunque el varón lo consuma con mayor frecuencia y que la gran diferencia es método.
con otros trastornos
En cuanto a la relación suicidio con otros trastornos mentales indica que es muy estrecha, sobre todo con la depresión, la condición bipolar, las esquizofrenias, el trastorno límite de personalidad y el abuso de alcohol y otras sustancias.
Advierte que las alertas deben sonar cuando se produzcan verbalizaciones explícitas de querer morir (no querer despertar, la vida no vale la pena); manifestar expresiones de desesperanza o inutilidad o despedidas implícitas.
A la interrogante de qué pasa con personas aparentes sanas y un hecho externo desencadena un pensamiento suicidio o el hecho en sí, anota que existe lo que se llama el suicidio impulsivo, que es de aparición repentina y en apariencia sin causa previa. Sin embargo, hay factores precipitantes como el colapso emocional agudo asociados a rasgos de personalidad impulsiva, vulnerabilidades ocultas y acceso inmediato al medio que lo pueden consumar.
Violencia vicaria
Algunos feminicidas suelen quitarse la vida y en ocasiones también a los hijos, lo que se conoce como violencia vicaria. Almánzar afirma que se trata de un problema complejo en el cual el sentimiento de posesión y control extremo y el agresor busca eliminar la autonomía de la víctima, castigarla o destruirla emocionalmente, haciendo daño a los hijos.
Líneas de ayuda
Almánzar aconseja buscar ayuda de los especialistas cuando una persona esté pasando por una situación de salud mental. En el país existen diversos canales de asistencia. Una de ellas es la línea “Cuida tu Salud Mental” con el teléfono 809-200-1400 y el Sistema Nacional de Emergencia 9-1-1, disponible las 24 horas del día. También, el Departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud en el 809-544-4223 en horario laboral y el *462.
A nivel de servicios están las unidades de intervención en crisis de los hospitales Moscoso Puello, Salvador B. Gautier, Darío Contreras, Marcelino Vélez, la maternidad de Los Mina y a nivel provincial, en los de Santiago, Barahona y San Juan de la Maguana, entre otros.
Otras entidades son la Fundación Alam Cabrera, disponible escribiendo por WhatsApp al 809-740-5339 y el Centro Calma Alma al 829-243-3203. Además, está la Línea Familiar Contigo disponible en el número 809-636-3507 y por WhatsApp al 849-258-4479.
Falta mejorar atención estatal
Para Almánzar la atención en Salud Mental a nivel público no está en su mejor momento, pese a la apremiante situación. Afirma que los responsables no son capaces de dar respuesta a la demanda ni en la cantidad de servicios ofertados ni en la calidad. Y aunque tienen un buen ¨Plan Estratégico”, en la realidad cotidiana las acciones operativas van por otro sendero, lo que hace que el Plan sea bonito en el papel pero divorciado de los objetivos en la práctica. “En tanto, la población padece por culpa de la inoperancia oficial”. Entiende que si los ejecutores de las políticas públicas fueran fieles al plan, la situación pudiera empezar a revertirse. Sin embargo, el Servicio Nacional de Salud (SNS) no ajusta su accionar a lo planteado. “Creemos que el Plan es un buen documento, solo en papeles, mientras el curso que lleva el SNS va por un camino peregrino”, afirmó.
Angel Almánzar
Es un reconocido médico psiquiatra y psicólogo médico. Ha sido presidente de la Sociedad de Psiquiatría y director de Salud Mental del Ministerio de Salud. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universidad Católica Santo Domingo.
HD