Santo Domingo.- A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el mundo conserva profundas huellas de aquel acontecimiento, que modificó las concepciones de seguridad, inteligencia y cooperación internacional y abrió una nueva etapa en las relaciones entre los Estados.
Así lo analiza el internacionalista Iván Gatón, quien considera que el impacto de los ataques contra Estados Unidos trascendió la destrucción de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono para convertirse en un punto de inflexión geopolítico.
Gatón recuerda que algunos historiadores han situado en el 11-S el verdadero cierre del siglo XX, por la magnitud de los cambios que desencadenó. A partir de entonces, explicó, se produjo una transformación de los conflictos internacionales, Estados Unidos intervino militarmente en Afganistán e Irak y numerosos países reforzaron sus legislaciones y mecanismos de vigilancia en nombre de la seguridad. “El mundo tiene un antes y un después del 11 de septiembre”, afirmó.
Entre los efectos más visibles señala la revisión de los protocolos de los servicios de inteligencia y el endurecimiento de los controles aeroportuarios. El hecho de que los atentados alcanzaran el centro económico de Estados Unidos, así como objetivos en Washington, obligó a reconsiderar la capacidad de actores no estatales para amenazar incluso a las principales potencias.
Desde su análisis geopolítico, Gatón entiende además que las guerras emprendidas posteriormente tuvieron consecuencias que trascendieron la lucha contra el terrorismo y terminaron incidiendo en el equilibrio internacional de poder. A su juicio, el desgaste estadounidense abrió espacios para una mayor gravitación de potencias como China y Rusia.
Para Gatón, uno de los principales problemas de la denominada guerra contra el terrorismo fue que, aunque consiguió eliminar actores y estructuras terroristas, no logró erradicar las condiciones que favorecen su aparición. “Se eliminaron terroristas, pero no se eliminaron las causas que provocaban esas acciones terroristas”, sostuvo.
Considera que factores como la marginalidad, la pobreza, las guerras y sus consecuencias humanas continúan generando escenarios propicios para la radicalización. El fenómeno, añadió, tampoco desapareció, sino que modificó sus métodos y espacios de actuación, incluyendo el uso de Internet para captar seguidores.
No obstante, 25 años después, Gatón entiende que el terrorismo ha dejado de ocupar el lugar central que tuvo inmediatamente después de los atentados. La principal preocupación geopolítica se ha desplazado hacia la competencia entre las grandes potencias y sus respectivas esferas de influencia.
“El problema está entre China y Estados Unidos, entre Rusia y Estados Unidos”, expresó al describir un escenario internacional en el que los intereses estratégicos de las potencias vuelven a ocupar el centro.
El académico reconoce, sin embargo, aprendizajes derivados del 11-S, particularmente en materia de seguridad aérea, cooperación policial, defensa interna e intercambio de información entre los servicios de inteligencia.
Para las generaciones que no vivieron los atentados, considera que permanece una enseñanza fundamental: ningún Estado puede afrontar aisladamente amenazas que trascienden las fronteras.
“Todos vivimos en la misma casa o nos salvamos todos o nos hundimos todos, porque andamos en el mismo barco que es la Tierra”, afirmó Gatón.
La cooperación global tras el 11-S
A un cuarto de siglo de los ataques al World Trade Center en Nueva York, su reflexión apunta así a una paradoja: mientras las amenazas y los centros de poder se transforman, la interdependencia obliga a los Estados a mantener la cooperación internacional como instrumento indispensable frente a riesgos que ningún país puede contener por sí solo.
HD