Por Felipe Castro
Raya en lo insólito que un país, con una dimensión territorial de aproximadamente 733 a 750 kilómetros cuadrados (km²) en la actualidad, abarcando una isla principal y más de 60 islas e islotes menores. Cuya superficie ha crecido cerca de un 25 % desde su independencia, gracias a proyectos de relleno y expansión costera. Con una población de 6 millones de habitantes, un promedio de vida de 84 años y un Producto Interno Bruto per cápita de 95 mil dólares al año.
Ese pequeño territorio al que hacemos referencia en esta entrega, es Singapur, que su pueblo pasó en el año 1965, de ser un puerto pobre a una de las economías más ricas del mundo, bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew.
Singapur se desarrolló a pesar de no contar con recursos naturales, su único recurso era su población y un territorio extremadamente angosto.

Lee Kuan Yew (16 de septiembre de 1923-Singapur, 23 de marzo de 2015), a menudo referido por sus iniciales LKY, fue un abogado, estadista y politico singapurense..
Muy a pesar de lo que pudieron ser sus limitaciones o debilidades naturales, en 1965, el primer ministro Lee Kuan Yew independizó a Singapur de la Federación de Malaya, llevando a la antigua colonia de una economía que, en el año 1965, su población gozaba de un Producto Interno Bruto per cápita de quinientos dólares al año, a una economía de servicios con PIB per cápita de 95 mil dólares al año, por haber puesto en el centro a la gente, como principal recurso inagotable para el desarrollo, con una enorme inversión en la educación.
Aunque Singapur tiene un sistema de gobierno parlamentario, unicameral, inspirado en el Parlamento del Reino Unido, mejor conocido como Parlamento británico o parlamento inglés, al mismo tiempo tiene una forma de gobierno basado en un rígido control social. Centrado en tres factores de Estado fundamentales; cero tolerancias a la corrupción, sueldos altos a funcionarios, más, penas duras; Planificación a largo plazo: de 30-50 años, con un periodo de gobierno de 4 años. Mérito, sobre todo: los mejores iban al gobierno y a empresas estatales.
En cambio, la novena edición del Informe Pisa, en su fiscalización sobre el ranking de la educación, sitúa a nuestro país caribeño, República Dominicana, en los últimos puestos de la lista de participantes, con 361 puntos en ciencias, 346 en lectura y 339 en matemáticas, muy lejos de los promedios de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), situados en 482, 461 y 463 puntos, respectivamente.

Todo esto, a pesar del gran esfuerzo que ha hecho el gobierno central de nuestro país. Tenemos la resistencia de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), a la revalidación de un profesorado profundamente activo en provocar huelgas, para no trabajar y sin tomar en cuenta al estudiantado, con lo que afectan su rendimiento académico, altamente resistente a su transformación cognitiva, afín de contribuir con el desarrollo educativo nacional y catapultar a la sociedad a un desarrollo sostenible.

El autor es abogado y analista político.