Magnicidio que oscurece más a Haití

Por Omar Nivar

Si Haití fuera una novela, y preguntáramos a los lectores o testigos, quién o quiénes tenían motivos para asesinar al presidente Jovenel Moïse, seguramente, predominaría el misterio.

El magnicidio de Moïse, de 53 años, y las graves heridas de proyectiles a su esposa, la primera dama Martine Moïse, revelan y hacen erosión del grado elevado de descomposición social y política en la que lleva sumergida Haití desde mucho antes que el terremoto de 2010 la redujera a escombros.

La muerte de Jovenel aceleró el caos y el vacío de poder a menos de tres meses de unas elecciones que marcaban la hoja de ruta para su salida natural del cargo como presidente de los haitianos.

La última vez del asesinato de un presidente de Haití fue en 1915; este hecho provocó la invasión de los Estados Unidos a esa nación caribeña durante 19 años.

A propósito de ello, resulta interesante reflexionar sobre este tipo de sucesos, como lo describen algunos crímenes de líderes políticos a lo largo de la historia contemporánea, episodios que tal y como lo relata el destacado escritor, Gabriel García Márquez en su novela “Crónica de una muerte anunciada”.

Pudiéramos decir que algunos de estos tienen similitud con lo referido en la obra; la historia describe algunos ejemplos: desde el asesinato de Martin Luther King y John Fitzgerald Kennedy (Estados Unidos), Aldo Moro (Roma), Olof Palme (Suecia), Anastasio Somoza (Nicaragua), Eduardo Frei Montalva (Chile), y en la República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, atentados que segaron las vidas de estas figuras políticas.

Retomando el funesto acontecimiento que tiñó de rojo la nación haitiana, nos surgen algunas interrogantes: ¿Qué procuraban los asesinos? ¿Por qué matar al presidente y no resolver el asunto de otra manera? ¿Fue esto parte de un plan más amplio o lo único relevante era el asesinato? ¿Cuáles consecuencias dejará este crimen a la región caribeña? Y ¿De qué manera perjudicará este hecho a la República Dominicana?

Una vez que se agudice la investigación de los posibles autores intelectuales y materiales se irán despejando nuestras dudas.
De lo que sí estoy convencido es que Haití siempre ha sido excluida y mirada como el “patito feo” del Caribe, quizás por ser el más empobrecido y el único país con habla diferente a la hispana, situación que se agrava más porque nunca, pero nunca, se le perdonará ni reconocerá por las grandes potencias ser la primera nación en abolir la esclavitud.

Ojalá que la comunidad internacional no continúe con los ojos vendados ante la situación que atraviesan y aquejan a nuestros hermanos haitianos; que tal y como lo plantea el maestro y especialista en asuntos internacionales Iván Gatón, los organismos, en este caso la ONU, busque una solución a la crisis social, económica y política en Haití con un plan a largo plazo.

Espero que de este trago tan amargo para el continente pueda surgir el restablecimiento y el orden, y que las grandes potencias dejen de utilizar ese país para continuar lucrándose y pisoteando a las personas que lo habitan.

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