Luis Abinader de cara a las dos crisis mundiales

 

Por Jorge Radhames Zorrilla Ozuna

A pesar de los duros golpes que recibe el sistema de partidos y al descredito a que somos sometidos por sectores interesados, hasta ahora se ha demostrado que es insustituible para la conservación de nuestra vida democrática. Es por ello, la necesidad de preservarlo, fortalecerlo y brindarle el mayor apoyo para su sobrevivencia, porque un partido que resulta conocido para un votante, se traduce en obtener un resultado conocido, no un resultado improvisado. Esto es lo que hace a los partidos confiables para los electores.

Si bien es cierto que adolecemos de fragilidades en nuestro comportamiento humano, no es menos cierto, que el mal endémico no está en un sector social o profesional de manera específica, no es verdad que los médicos y los abogados son los malos en nuestra sociedad, tampoco los periodistas ni los maestros, ni los policías, pero tampoco son los malos los políticos.

No podemos hacer juicios sectorizados para sacar resultados generales; hay un problema general en la formación de nuestros hijos que tenemos que prestarle atención a partir de la gestación.

El mundo de hoy se ha convertido en efervescente por el modo en que nos hemos obligado a vivir, ya los padres no tenemos tiempo para formar a nuestros hijos, los celulares y los juegos electrónicos nos han relevado, hemos perdido el control.

Es urgente reflexionar sobre el papel de la familia en el desarrollo de la sociedad, el presente nos exige cambios urgentes en nuestras conductas; nuestros hijos son el resultado de nuestros ejemplos, por eso necesitamos continuar dando ejemplos en nuestros roles de padres y desde las esferas del poder.

Es momento de aunar esfuerzo por frenar las distorsiones educativas, culturales, sociales y políticas que nos agobian, crear conciencia de que todos somos responsables de lo bueno y lo malo; para ello, debemos tener más desprendimiento y pensar mas en el prójimo que en nosotros mismos, mas aun, cuando el mundo ha estado atravesando por dificultades que trastornan el comportamiento universal, más allá de los intereses personales o de grupos.

No es justo aprovecharse de crisis no provocadas para para enrostrarla como causa de mal gobierno. Tenemos que hacer conciencia de que los gobiernos son las directrices por la cual debemos guiarnos, debemos contribuir a ser pro positivos, ayudar las buenas gestiones, el interés y los proyectos que el país desarrolla, lógico, debemos monitorear cada acción pública, vigilarla y si es necesario fiscalizarla, pero no con el ánimo de detractarla para sacar ventajas electoralistas o de orden económico, debemos trasmitir un mensaje honesto, transparente, justo y en beneficio de la Republica Dominicana.

Para nadie es un secreto, que Luis Abinader Corona es el presidente de todos los dominicanos, el cual fue electo por mayoría de votos en una contienda democrática, hallamos o no votado por él, es nuestro guía de Estado, con quien debemos colaborar para que pueda desarrollar un gobierno justo, equilibrado y transparente en favor de la población que puso su confianza en él.

Tampoco puede ser un secreto, las adversidades con las que tuvo que asumir el mandato popular. Un país en medio de una pandemia cuya referencia data de cien años atrás, la cual hizo colapsar, no solo el sistema nacional, sino el sistema mundial en todos los órdenes.

Aun con ese mal augurio, una economía amenazada en su cimiento, la desesperación y el pánico de un virus mortal, las medidas de restricciones que provocaron una prisión domiciliaria, un estado de desesperación y locura que millones de personas no pudieron resistir, una historia que nos marcó de por vida.

En medio de las adversidades, el gobierno tomó lo mejor que se venía implementado, reforzó los puntos débiles y revolucionó la política sanitaria, económica y social, al punto de convertirse en un referente mundial de manejo sanitario frente al COVID 19, lo que ha servido de modelo para muchos países que han visto en la Republica Dominicana, como el ejemplo a seguir para superar los escollos que esta pandemia mundial a sumido a todos los países del mundo.

En medio de esta catástrofe mundial, que produjo la escasez de abastecimientos más aguda del siglo, incluyendo los productos básicos, ha de venir otra desgracia universal, con amenaza de convertirse en una conflagración de ribete mundial, la guerra de Rusia y Ucrania, la que ha redoblado la inseguridad universal, ha encarecido los precios, ha producido desabastecimiento general y sobre todo, restricción a la libertad de tránsito y al derecho a alimentos.

Podríamos ser los peores adversarios políticos al gobierno de Luis Abinader, pero jamás podríamos llegar al extremo de la mezquindad humana, de imputarle los efectos que ha dejado la pandemia y la guerra de Rusia, de hacerlo culpable de la escasez de productos, del encarecimiento de los derivados del petróleo, del desorbitante aumento de precio en los medios de transportes internacionales y su secuela en los efectos de los precios locales y las tantas dificultades que el comportamientos mundial provoca en una pequeña isla como la nuestra.

Seria mezquino de nuestra parte, no reconocerle al presidente Luis Abinader Corona, la inteligencia que ha tenido en revertir estas dos grandes calamidades mundiales en beneficio para el país; el éxito en el control a la mínima expresión de la crisis sanitaria, el éxito en el control y reducción del valor de la divisa, el éxito en la apertura de la educación presencial, el éxito del repunte del turismo como materia prima de nuestra economía a niveles no previstos en la historia en medio de las dos peores crisis de los últimos cien años.

Seria mezquino de nuestra parte, no reconocerle los aciertos en los manejos de la cosa pública, el esfuerzo por enderezar la administración institucional, la fortaleza en la independencia entre los poderes del Estado, el fortalecimiento en la política contra la corrupción, la estabilidad macro económica con que hasta el momento ha conducido los destinos del país, el fortalecimiento en la independencia administrativa de los gobiernos municipales y provinciales, la política de protección a los sectores mas vulnerables en incentivos y apoyo directo, el desarrollo en áreas productivas, el desarrollo en nuevos polos turísticos y la inversión en infraestructura en medio de estas crisis, convierten del gobierno dominicano en un fenómeno de transcendencia mundial.

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