Leonel Fernández promueve el odio, la ironía y el rencor

Por: Jesús -Belén- de la Cruz

Director

A juicio de los expertos en la conducta humana, “el odio es un sentimiento corrosivo que suele perjudicar sobre todo a quien lo siente, porque neutraliza la capacidad de raciocinio, atrapando a la persona en un resentimiento permanente que le impide superar sus fobias o pasar páginas”. El odio visceral, como el cáncer, autodestruye a todo aquel que lo asume y pone en práctica.

Aunque la gran mayoría de las personas restringen los odios al ámbito de sus emociones intimas, sin que nadie los sufra, salvo ellos mismos, existen individuos que no guardan sus malos sentimientos y expresan su odio a tales extremos que son capaces hasta de provocar una gran tragedia nacional, sin importar cuanto puedan afectar a temas tan importantes de la sociedad, como son la política y la economía.

El odio, expresado en políticos, se convierte en sentimientos conflictivos cuando pasa a ser el motor de sus acciones y transforma a estos en verdaderos peligros públicos con resultados colectivos, siendo así una amenaza para la sociedad. Aquí es donde justamente encaja el perfil actual del expresidente Leonel Fernández, quien luego de perder las primarias en el PLD, ahora pretende destruir todo a su alrededor sin importar cuántos sean los caídos.

Las grandes cruzadas católicas, las discriminaciones raciales de Estados Unidos, las segregaciones (apartheid) contra los negros africanos y las matanzas colectivas de la Alemania Nazi son vivos ejemplos de lo que puede provocar el odio colectivo entre los seres humanos. Leonel Fernández, en una viva expresión de resentimiento político, pretende llevarnos hacia un oscuro abismo de ingobernabilidad sin precedente. En este caso su odio afecta a toda la sociedad dominicana.

Es frecuente ver a quienes practican el odio como salida a sus carencias de buenos sentimientos, usar el sarcasmo y la ironía como recursos para expresar su odio contra algunas personas. Estas actitudes irónicas empobrecen el debate y alimentan el uso de palabras ofensivas, lenguaje soez, refranes vulgares y epítetos diversos como armas de ataques contra sus adversarios.

Al igual que cuando los feminicidas les dicen a sus víctimas: “mía o de nadie”, siendo el caso de que Leonel Fernández no es, en la actualidad, una opción de poder ni un factor de cambio; entonces, vemos como su único objetivo, por odio y rencor, es impedir que Gonzalo Castillo llegue a la presidencia de la República y pueda replicar o ampliar el modelo de gobierno desarrollado por el presidente Danilo Medina.

Según vemos los acontecimientos, para Leonel Fernández y su grupo la estabilidad democrática constituye un estorbo. La República Dominicana vive en estos momentos una democracia que se mueve permanentemente hacia el progreso y el desarrollo, procurando consolidar sus conquistas sociales expresadas en los diversos programas implementados por el actual gobierno y al servicio de la gente. Al parecer esto molesta a ciertas personas o grupos.

Para muestra un botón. Solo hay que analizar la actitud de los leonelistas ante la Junta Central Electoral (JCE), aunque los favorecen en todos sus pedimentos, nada les complace y todo lo rechazan. Esta gente ha llegado al extremo de dañar créditos personales con el propósito de diseminar su odio por todos lados. Es suficiente saber que Fernando Fernández, un resentido extremista, es su delegado técnico ante ese organismo comicial.

Como se puede apreciar, Leonel Fernández está dispuesto a frenar este proceso en desarrollo solo por su odio y el profundo resentimiento contra Danilo Medina, Gonzalo Castillo y todo el Comité Político del Partido que lo llevó tres veces a la presidencia. Dadas las circunstancias de que él no será presidente en las próximas elecciones, entonces, prefiere dañarlo todo sin tomar en cuenta a los millones de ciudadanos que afectaría su egocéntrica obstinación.

En medio de ese afán desbordado por el poder a cualquier precio, a esos señores que no le duele el país, están dispuestos a pactar con los peores intereses de la nación y hasta poner en juego el favorable clima de inversión que vive nuestra República, así como su crecimiento económico por encima de la media de América Latina y El Caribe. Ya intentaron afectar el turismo con una campaña malintencionada.

Muy a pesar de los malos augurios e intenciones negativas contra los logros alcanzados, el país debe continuar su ruta de crecimiento y desarrollo para bien de todo el pueblo dominicano.  Nadie puede construir un castillo de cartón para que dure en el tiempo, con capacidad de resistir vientos y tempestades. Con el odio, el rencor y la maldad no se hace Patria.

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