Como cambian los tiempos…

La constante migración entre pobladores de países y culturas hacia otros destinos, cercanos o lejanos, en procura de mejores condiciones de vida es una latente realidad social, económica y política que arrastran los seres humanos desde la prehistoria misma. El hombre y su entorno, las especies vivas, las tribus y hasta poblaciones enteras siempre han practicado los procesos migratorios en busca de entornos favorables para sus deseadas transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales.

A partir de 1961, tras el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo y luego que fueran levantadas las rigurosas restricciones del tirano sobre nuestra sociedad, se inicia un acentuado proceso migratorio de hombres y mujeres dominicanos que atravesaban 129 kilómetros (80 millas) para llegar a la vecina isla de Puerto Rico.

Durante varias décadas y por la precaria situación económica que vivía la República Dominicana en esa ocasión, la isla Borinqueña era un objetivo perseguido por muchos nacionales. Todo esto, con el anhelo de alcanzar los mejores niveles de vida que se reflejaban en la vecina nación, lo que a la sazón era visto como la panacea para los criollos solucionar sus latentes problemas económicos y mejorar así las condiciones vida de sus familiares y allegados.

Puerto Rico era un espejo ficticio de abundancia, de la buena vida, de oportunas condiciones salariales, de pagos en dólares muy parecidos a los de los Estados Unidos y muchas otras facilidades más que eran empleadas desde el punto de vista político para enfrentar a la vecina isla de Cuba que acababa de estrenar una triunfante revolución social y política que trajo consigo la instalación del gobierno socialista de Fidel Castro y sus seguidores.

Exhibir a Puerto Rico como una tacita de oro y tierra de abundancia frente a una Cuba carente de todo, sin derroche, pero muy planificada en sus propósitos de cambios sociales, era parte de un proceso de guerra fría que recién iniciaba entre los Estados Unidos y la Rusia Socialista. Como una burbuja ilusoria o cascaron vacío era promovido el Puerto Rico de los gringos en contra de la realista y objetiva Cuba pro soviética bajo la administración de los hermanos Castro.

Para dominicanos y cubanos era tan grande el deseo de alcanzar el sueño americano haciendo escala en la llamada “isla del encanto” que cientos y miles de criollos se atrevieron a cruzar en frágiles embarcaciones de República Dominicana hacia Puerto Rico. Muchos de los conocidos “yoleros” llegaban con vida a la tierra del Coquí, pero otros no muy afortunados fracasaron en el intento y pasaban a ser parte de la cadena alimenticia siendo carne fresca para los tiburones. Todos conocemos aquella triste y dramática historia. Esta travesía era más frecuente porque la gran mayoría de los migrantes  albergaban la esperanza de poder llegar en algún momento hacia la gran manzana estadounidense y poder hacer raíces allí para enviar algunos dólares a sus familiares dejados su tierra natal.

Ahora que ya no existe la guerra fría y que Cuba, por realidad y objetivos propios, va experimentando cambios sociales y políticos  sostenidos, otra es la historia.  Puerto Rico ha sido abandonado a su suerte, luego de acostumbrar aquella gente a pagarle sin trabajar, promoviendo una vida de consumismo sin productividad colectiva, ahora los puertorriqueños no les son útiles a los planes geopolíticos de los norteamericanos y en aquella vecina nación hoy se respiran aires diferentes y no muy halagüeños por cierto. Es triste la historia cuando alguien te toma de conejillo de india o de rata de laboratorio para materializar sus planes estratégicos, donde tú importa un bledo, esa es la cruda y veraz  historia del vecino Puerto Rico.

Ahora que Puerto Rico no le sirve a los planes de Estados Unidos frente a la otrora Unión de República Socialista Soviética (URSS), la economía de la vecina nación lleva más de una década en franco deterioro. Cerrando negocios día por día, factorías que ya no son útiles para nada, hoteles y casinos clausurados, hombres y mujeres caminando por las calles como zombies sin rumbo fijo y sin saber qué hacer, algunos que se acostumbraron a la vida parasitaria de vivir sin trabajar, ni mucho menos estudiar y ahora están pagando un muy alto precio por someterse a un modus vivendi ficticio e irreal. El futuro de los hermanos puertorriqueños ahora es muy incierto y de verdad que les deseamos la mejor de la suerte, ya que ellos han sido muy solidarios y afables con nosotros los dominicanos y dominicanas.

Por: Jesús Belén de la Cruz

 

 

 

 

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