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Por Felipe Castro

El mundo observa con simpleza las acciones del presidente del Estado imperial, Donald Trump, sin entender que, detrás de esos movimientos existe una organización estratégica compuesta con la más alta expresión del pensamiento de la sociedad norteamericana, que es el sostén de estudios ideológicos, cuyo único propósito es la sostenibilidad de su poder imperial, denominado Think Tank (laboratorio del pensamiento). Organismo este que recomienda a la autoridad imperial, las pautas viables para el mantenimiento de su poder hegemónico.

El sistema político norteamericano, está pensado con un pragmatismo de Estado, polarizado entre los demócrata y republicano; dos partidos que en su lucha por el poder son visiblemente contradictorio, pero que cuando se trata del interés nacional, echan a un lado lo particular, es decir, que la preservación de su sistema de Estado está por encima del interés partidario.

Lo que tiene al imperio del Norte en el estado de la agonía actual, es la insostenibilidad de su sistema económico que históricamente se mantuvo a base del saqueo de los recursos naturales no renovables de los Estados lacayos, que, por sus debilidades institucionales, eran Estados presas del imperio depredador.

Consuetudinariamente, el crecimiento económico del imperio americano se sostuvo a base de la promoción de conflictos bélicos, control absoluto de las rutas comerciales, quebrar economías de países en desarrollo, afín de mantenerlos cooptados y la intervención subversiva y derrocamiento de gobiernos progresistas de países con vastos recursos naturales.

El Pentágono es la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos, ubicado en el condado de Arlington, Virginia,  cerca de Washington D. C. El edificio tiene forma de Pentágono y en él trabajan aproximadamente 23 000 empleados militares y civiles, y cerca de 3000 miembros de personal de apoyo. Tiene doce pisos, cinco de los cuales incluyen en sí cinco corredores; el resto permanece en secreto por motivos de seguridad.

El agudizamiento de la caída del sistema imperial norteamericano, radica en la insostenibilidad de mantener económicamente alrededor de 750 bases militares desplegadas en unos 80 países y territorios extranjeros. Además, el Pentágono opera aproximadamente con 5.000 instalaciones y bases dentro de su propio país, cuyo mecanismo es el símbolo exotérico de percepción imperial.

Para mantener ese símbolo bélico imperial, el Estado Yankee, además del relato propagandístico de superpotencia invencible, no ha podido ocultar el hoyo fiscal producto de una deuda que supera su Producto Interno Bruto (PIB) que se agiganta como una bola de nieve, insosteniblemente por segundo, la cual crece cada veinte segundo a un ritmo de un millón de dólares; cada minuto crece tres millones de dólares, cada hora 180 millones de dólares y cada 24 horas alcanza la suma de 4320 millones de dólares. Lo que se traduce en la realidad fáctica de fondo que tiene al imperio, en el laberinto nebuloso de desequilibrio existencial como imperio hegemónico.

Silicon Valley, también conocido como Valle del Silicio, es el nombre que recibe la zona sur del Área de la Bahía de San Francisco,  en el norte de California, Estados Unidos.

Paradójicamente, la democratización en masa de la información gracias a Silicon Valley: que es la región tecnológica líder en el mundo, ubicada al sur del Área de la Bahía de San Francisco, en California (Estados Unidos). Es el epicentro global de la innovación, albergando las sedes de gigantes como: Apple, Google y Meta, así como miles de empresas emergentes que se ha convertido en la tenía intestinal de la visera de producción económica del Estado Imperial, que ha disipado el monopolio de la comunicación. Haciendo cada vez, menos eficaz la propaganda como medio de manipulación global.

A pesar de que el imperio luce alicaído, aun cuenta con el apoyo de un importante segmento de la población global que viven en la ilusión social de clase medio acomodada, indiferente a la situación de miserias de las grandes mayorías explotadas. El enemigo más peligroso del bien. Uno puede protestar contra el mal; puede ser expuesto y, si es necesario, impedido por el uso de la fuerza. “El mal siempre lleva dentro de sí el germen de su propia subversión en el sentido de que deja en los seres humanos al menos una sensación de malestar (Dietrich Bonhoeffer”)

Felipecastro2378@gmail.com

El autor es abogado y analista político.

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